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  • Ext. Calle, atardecer. Es una calle transitada, y caótica, pero en silencio. Nadie se habla entre sí, nadie mira al prójimo, nadie mira hacia arriba, al cielo, y si alguien ocasionalmente lo observa es a través del reflejo de algún charco o parabrisas, en donde el cielo se ve azul y despejado. Aparece la protagonista, vestida de manera andrajosa y sucia, sin embargo camina de manera descuidada, incluso alegre, como lo haría una niña normal de su edad. Aparenta no más de diez años, bajita, de tez morena y ojos de un extraño color gris. Camina sin cuidado, tropieza con los transeúntes, no tiene reparo en voltear a verlos, directo a los ojos, la gente parece incómoda con su presencia. De pronto detiene su andar, de la nada, mira hacia un lado y hacia el otro, y sin reparo voltea su mirada hacia arriba, hacia el cielo. Hacemos un close-up a sus ojos grises, está frunciendo, como al ver algo sin comprenderlo. Ahora vemos nosotros también hacia el cielo: Grandes nubarrones de un color marrón lo envuelven todo, sin un solo tono azul a la vista. Ext calle. Anochecer. La calle está casi vacía, solo quedan los que viven en ella, principalmente niños y ancianos sin hogar. Han improvisado una especia de cableado de poste a poste de cables de luz, para suministrarse un poco de energía eléctrica pero también para improvisar una suerte de alarma que tocan cada vez que pasa la policía. La protagonista está sola, sentada frente a la oxidada puerta de una casa abandonada. No habla con nadie, como siempre. De repente suena la alarma. Todos los que viven en la calle se apresuran a tomar refugio, se sabe que la policía pasa de tanto en tanto y se lleva a algunos a los que nunca vuelven a ver. Nuestra protagonista no parece preocuparse, no sabe de que va todo esto, es la primera vez que escucha esa alarma. Se queda en su lugar, quieta, hasta que un niño de aproximadamente su misma edad aparece, la toma de la mano yle grita ¡estás loca! ¿O eres una sorda? ¡Vienen los polis! Y la jala al interior de un edificio en ruinas. Por la calle pasa la patrulla, lentamente, como buscando algo. En su interior van dos policías, un hombre y una mujer. Son Pérez y Jiménez. INT. De un bar. No hay ventanas, de tal manera que no podemos saber si es día o noche. Está la protagonista frente a un plato de sopa fría, no come. Junto a ella está Elisa, la esposa del dueño del bar. Prevalece una atmósfera somnífera, como si de un recuerdo se tratáse. Elisa le insiste a la protagonista que coma. No quiere, ni le constesta nada. La insulta, la zarandea. No contesta ni come. Elisa se desespera. Le dice algo así como “allá tú” a la niña, le da la espalda y se dispone a salir de la habitación. Entonces escucha a la niña decir su primera palabra hasta ahora: -Aurora Y solo eso dijo. Elisa pierde el control, de manera inexplicable. Le grita a la niña, quiere saber de dónde sacó ese nombre. La niña no le contesta.. Elisa sale, furiosa, de la habitación, la seguimos con la cámara. La vemos llegar a una habitación contigua, un lugar más personal, hay una lámpara encendida sobre un escritorio de madera, emite una luz cálida y una sensación hogareña. Sobre el escritorio hay cartas y apeles, entendemos que son documentos personales de Elisa. Se sienta, y se desvanece en llanto. Abre el cajón que está frente a ella. Y saca una carpeta. La abre, y en su interior está la foto de una mujer joven. La foto parece algo vieja y desgastada. Además de la foto, Elisa saca un documento de la carpeta, lo lee mientras algunas lágrimas caen sobre él. Unas letras grandes y negras encabezan el documento: “Comprobante de arresto por parte del cuerpo de Policía Secreto” Y debajo: nombre del (la) sospechoso (a): Aurora. Elisa cierra la carpeta con un movimiento brusco, y se derrumba a llorar. Noche. Int. De una casa sin techo, en ruinas. Hay un gran número de personas, al rededor de una austera fogata con la que se dan calor. Todos ellos se ven haraposos, claramente son habitantes de la calle. Nuestra protagonista está en una esquina, como siempre, en silencio. De pronto hay una conmoción. Una anciana que entra vociferando en la habitación, con una oxidada escopeta en la mano. Grita, furibunda, que alguien mató su hermano, lo apuñaló y le robó su única pertenencia de valor, un viejo reloj de oro. Se forma un aquelarre. Un hombre de edad adulta aparece, acusando a un joven de aspecto de malviviente de ser el asesino. Todos saben que es un ladrón, era de esperar que tarde o temprano matara a alguien. La anciana está segura, todos están seguros. Amenaza con llevar al asesino afuera, y ejecutarlo. De pronto, la protagonista se pone de pie, se acerca al centro de la acción y señala al otro hombre, al que acusaba al ladrón. -No -dijo -es él (y lo señala con el dedo) Hasta ahora nadie la había escuchado hablar, así que todos se sorprenden. Revisan al hombre, le encuentran el reloj dorado. Todo mundo se queda en silencio. Arrastran al asesino fuera de escena. La anciana va detrás, escopeta en mano. Se escucha un disparo
  • Personaje: Niña sin nombre Situación: sin hogar, en la ciudad Evento desencadenante: Vendida por sus padres, con quienes vivía en el campo Historia: Fue comprada y llevada a la ciudad, donde un perverso locatario y su esposa planean venderla a un rico gobernador para fines desconocidos. Sin embargo, alguien cuya identidad aún desconocemos la ayuda a escapar, y ahora vive en una casa derrumbada en la parte marginal de la ciudad Problema: Sus captores la siguen buscando, pues planean venderla por mucho dinero. Además de sus captores, la calle es un entorno hostil para ella, y necesita encontrar la manera de sobrevivir. Propósito: volver a su casa, sea donde sea eso. Obstáculos: No recuerda dónde vive, y al parecer es muda, pues nunca habla con nadie. Además, están sus captores. Antagonistas: Sus captores, es decir el matrimonio de Elisa y Federico, quienes se dedican a la venta de personas. Además también están “ el Jonathan”, fiel a Federico, y los agentes Pérez Y Jiménez, que también sirven al matrimonio de traficantes. También existirá el rumor de una policía secreta, vestida de civil, que no sirve a ni a Federico ni a Elisa, solo al invisible gobierno mundial. 5 momemntos. Ext. Calle, atardecer. Es una calle transitada, y caótica, pero en silencio. Nadie se habla entre sí, nadie mira al prójimo, nadie mira hacia arriba, al cielo, y si alguien ocasionalmente lo observa es a través del reflejo de algún charco o parabrisas, en donde el cielo se ve azul y despejado. Aparece la protagonista, vestida de manera andrajosa y sucia, sin embargo camina de manera descuidada, incluso alegre, como lo haría una niña normal de su edad. Aparenta no más de diez años, bajita, de tez morena y ojos de un extraño color gris. Camina sin cuidado, tropieza con los transeúntes, no tiene reparo en voltear a verlos, directo a los ojos, la gente parece incómoda con su presencia. De pronto detiene su andar, de la nada, mira hacia un lado y hacia el otro, y sin reparo voltea su mirada hacia arriba, hacia el cielo. Hacemos un close-up a sus ojos grises, está frunciendo, como al ver algo sin comprenderlo. Ahora vemos nosotros también hacia el cielo: Grandes nubarrones de un color marrón lo envuelven todo, sin un solo tono azul a la vista. Ext calle. Anochecer. La calle está casi vacía, solo quedan los que viven en ella, principalmente niños y ancianos sin hogar. Han improvisado una especia de cableado de poste a poste de cables de luz, para suministrarse un poco de energía eléctrica pero también para improvisar una suerte de alarma que tocan cada vez que pasa la policía. La protagonista está sola, sentada frente a la oxidada puerta de una casa abandonada. No habla con nadie, como siempre. De repente suena la alarma. Todos los que viven en la calle se apresuran a tomar refugio, se sabe que la policía pasa de tanto en tanto y se lleva a algunos a los que nunca vuelven a ver. Nuestra protagonista no parece preocuparse, no sabe de que va todo esto, es la primera vez que escucha esa alarma. Se queda en su lugar, quieta, hasta que un niño de aproximadamente su misma edad aparece, la toma de la mano yle grita ¡estás loca! ¿O eres una sorda? ¡Vienen los polis! Y la jala al interior de un edificio en ruinas. Por la calle pasa la patrulla, lentamente, como buscando algo. En su interior van dos policías, un hombre y una mujer. Son Pérez y Jiménez. INT. De un bar. No hay ventanas, de tal manera que no podemos saber si es día o noche. Está la protagonista frente a un plato de sopa fría, no come. Junto a ella está Elisa, la esposa del dueño del bar. Prevalece una atmósfera somnífera, como si de un recuerdo se tratáse. Elisa le insiste a la protagonista que coma. No quiere, ni le constesta nada. La insulta, la zarandea. No contesta ni come. Elisa se desespera. Le dice algo así como “allá tú” a la niña, le da la espalda y se dispone a salir de la habitación. Entonces escucha a la niña decir su primera palabra hasta ahora: -Aurora Y solo eso dijo. Elisa pierde el control, de manera inexplicable. Le grita a la niña, quiere saber de dónde sacó ese nombre. La niña no le contesta.. Elisa sale, furiosa, de la habitación, la seguimos con la cámara. La vemos llegar a una habitación contigua, un lugar más personal, hay una lámpara encendida sobre un escritorio de madera, emite una luz cálida y una sensación hogareña. Sobre el escritorio hay cartas y apeles, entendemos que son documentos personales de Elisa. Se sienta, y se desvanece en llanto. Abre el cajón que está frente a ella. Y saca una carpeta. La abre, y en su interior está la foto de una mujer joven. La foto parece algo vieja y desgastada. Además de la foto, Elisa saca un documento de la carpeta, lo lee mientras algunas lágrimas caen sobre él. Unas letras grandes y negras encabezan el documento: “Comprobante de arresto por parte del cuerpo de Policía Secreto” Y debajo: nombre del (la) sospechoso (a): Aurora. Elisa cierra la carpeta con un movimiento brusco, y se derrumba a llorar. Noche. Int. De una casa sin techo, en ruinas. Hay un gran número de personas, al rededor de una austera fogata con la que se dan calor. Todos ellos se ven haraposos, claramente son habitantes de la calle. Nuestra protagonista está en una esquina, como siempre, en silencio. De pronto hay una conmoción. Una anciana que entra vociferando en la habitación, con una oxidada escopeta en la mano. Grita, furibunda, que alguien mató su hermano, lo apuñaló y le robó su única pertenencia de valor, un viejo reloj de oro. Se forma un aquelarre. Un hombre de edad adulta aparece, acusando a un joven de aspecto de malviviente de ser el asesino. Todos saben que es un ladrón, era de esperar que tarde o temprano matara a alguien. La anciana está segura, todos están seguros. Amenaza con llevar al asesino afuera, y ejecutarlo. De pronto, la protagonista se pone de pie, se acerca al centro de la acción y señala al otro hombre, al que acusaba al ladrón. -No -dijo -es él (y lo señala con el dedo) Hasta ahora nadie la había escuchado hablar, así que todos se sorprenden. Revisan al hombre, le encuentran el reloj dorado. Todo mundo se queda en silencio. Arrastran al asesino fuera de escena. La anciana va detrás, escopeta en mano. Se escucha un disparo
  • Una ciudad marrón, sucia, maloliente y ruinosa. La gente siempre con prisa, trabajando aquí y allá para sobrellevar la miseria, nadie tiene tiempo para ver al de al lado, caminan desordenados por las calles, algunos traileros limpiando sus unidades, algunos barrenderos tratando inútilmente de restarle algo de suciedad a la agrietada acera. Nadie voltea hacia arriba, y la única manera en que la gente mira al cielo es a través de los charcos de agua podrida que se juntan afuera de las tapadas coladeras, que ya perdieron su función, como lo hicieron igual las numerosas casas abandonadas, semi-derrumbadas, que llenan la cuadra. Ni siquiera los árboles guardan algún verdor, se confunden entre el gris de los edificios y hasta los charcos de agua son más verdes y tienen más vida que la moribunda vegetación.
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